Han pasado años, ya diez por lo que puedo darme cuenta, desde que escribí la primera de las escasas entradas que hay en este lastimero intento de blog personal.
Solo vengo en mis peores momentos de soledad o de tristeza, así que debo de agradecer el que no hayan sido muchos a lo largo de esta década, que desde mi perspectiva actual actual no se como definirla.
He perdido mi estilo de escritura, mi mente aguda, mi figura delgada, mi perspicacia, a varios miembros de mi familia, un 40% de cabello, un 50% de vista y... a mi perrito.
Hoy murió ese dulce pedazo de mechudo blanco y negro, que llegó a mi vida ante otra pérdida similar hace años ya.
Llegó siendo una bolita de pelusa de grandes ojos y corazón enorme que llenó vacíos inmensos en la voragime de mi vida.
Lleno con su gracia los momentos de abatimiento que ensombrecieron mi adultez joven y mis hombros caídos.
Murió una sonrisa que acompañó a mi solecito desde que nació, que con su juguetona actitud y su incansable energía me exaspero y me hizo feliz por partes iguales.
Hoy te fuiste mi compañerito, mi amigo y mi confidente, hoy exhalaste tu último aliento en mis brazos y te fuiste a jugar al jardín eterno donde te esperaban esos otros animalitos buenos que dieron dulzura a tanta amargura en mi niñez y juventud.
Te fuiste a echar hoy a los pies de mamá, de la que fuiste consentido y amor culpable.
Te fuiste y te llevaste un pedazo de mi pecho que siento vacío y ardiente, como ardientes se sienten las gotas de fuego que escurren de mis ojos hoy por ti, mi perrito hermoso.
Me dice tres lustro de felicidad y compañia, me diste tu vida entera y amor sin límite. Me diste todo y aunque yo no te dí ni una pequeña fracción de lo que tú me diste, te llevaste contigo una parte grande de mi amor en esta vida.
Como le voy a decir a mi Solecito que te deje ir? Como le diré que ya no vas a estar aquí nunca más?
Como?
En la búsqueda y espera de mi Hijo Julio Armando
Tan solo un pequeño espacio de desahogo, reflexión y otros bagajes emocionales que arrastro a lo largo del viaje de mi vida, que tiene su centro en la persona de mi hijo
martes, 29 de enero de 2019
jueves, 22 de noviembre de 2012
Un poema que retrata una verdad amarga y refleja un actual estado de ánimo
Por
la estepa solitaria, cual fantasmas vagorosos,
abatidos,
vacilantes, cabizbajos, andrajosos,
se
encaminan los vencidos a su hogar;
Y
al mirar la antigua torre de la ermita de su aldea,
a
la luz opalescente que los cielos alborea,
van
el paso retardando, temerosos de llegar.
Son
los hijos, la esperanza de esta raza poderosa
que,
los campos fecundaron con su sangre valerosa,
arrastra
siempre el triunfo amarrado a su corcel.
Son
los mismos que partieron entre vivas y clamores,
Son
los mismos que exclamaron: ¡¡Volveremos vencedores!!...
Son
los mismos que juraban al contrario derrotar;
Son
los mismos, son los mismos sus caballos sudorosos,
son
los potros impacientes que piazaban ardorosos
de
los parches y clarines del estruendo militar.
Han
sufrido estos soldados los horrores de la guerra,
el
alba en la llanura y las nieves en la sierra,
el
ardor del rojo día de las noches de traición;
el
combate sanguinario, el disparo, la lanzada
-el
acero congelado y la bala caldeada-
y
el empuje del caballo y el aliento del cañón,
pero
más que estos dolores sienten hoy su triste suerte,
y
recuerdan envidiosos el destino del que muerte
encontró
en tierras lejanas, es mejor, mejor morir
que
volver a los hogares con las frentes abatidas,
sin
espada, sin banderas. Y ocultando las heridas,
las
heridas que en la espalda recibieron al huir.
Luis de Oteyza.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Ya pasó mucho tiempo, mucho más del que me pude dar cuenta en tan solo un parpadeo. Cuan perdido esta el hombre que no cultiva la semilla de su vida. Ha pasado tanto y tan poco al mismo tiempo, que las palabras se agolpan en un desesperado intento de salir al mundo exterior , liberándose de la prisión del pensamiento abstracto.
Te extraño hijo de mi alma, pequeñito sin culpa de nada, solecito de mi vida. Cuanta falta le haces a tu padre; tú milagro de mi vida adulta y medicina de mi dolor añejo; tú, esperanza de mi sangre e impulso de mis pasos.
Dios te bendiga hijito, solecito de mi rincón triste en esta vida. ¡¡¡TU PADRE VERDADERO TE AMA AUNQUE NO LO SEPAS!!!
jueves, 26 de marzo de 2009
Vaya, el día de hoy podría decirse que me siento bastante bien. Mi día empezó a las 2 de la mañana cuando el amigo insomnio vino a invitarme a ver una película en la tv. Luego estuvimos jugando vencidas y haciendo reparaciones nocturnas hasta alrededor de las 6 de la mañana, cuando llego el momento oficial de "levantarse".
Debo confesar que luego de que el amigo insomnio se marcho, me quede con un sentimiento algo vago de soledad, porque la compañera depresión falto a nuestra cita diaria de la mañana para tomar una taza de leche y escuchar el noticiero.
Si, me sentí un poco solo ésta mañana cuando cuando compañera depresión no llegó, pero para hablar con la verdad no la extrañe gran cosa.
Creo que el día va a ser común y corriente, pero empezó bastante bien.
Buen día solecito lindo, tú eres lo único que me podría hacer empezar mejor el día.
miércoles, 25 de marzo de 2009
Exigencias, sentido del dolor y remembrazas
- “Voy a exigirle a la vida que me pague contigo… que me enseñe el sentido del dolor…” – Así va el estribillo de cierta canción comercial que alguien cerca de mi está escuchando en éste momento.
Vaya que es extraño que en algo tan banal como es el tema de una telenovela, se pueda contener una frase que pueda resultar tan amarga.
Si pudiera exigirle a la vida algo, ciertamente sería un pago por todo lo malo que subjetivamente me ha sucedido a través de los años; que me revelara el por qué del dolor infringido y del castigo recibido a lo largo del camino que he llevado.
Si se pudiera objetivar a la vida en un ser tangible, quisiera tener la oportunidad de mirarla a los ojos y escupirle a la cara, tan solo por desahogo ¿Qué más puede suceder? ¿Qué se enoje conmigo?
Mi rencor a la vida me vuelve incoherente, balbuceante, rencoroso e irreflexivo. Lo sé muy bien, pero no puedo contener mi rabia. Bulle y se agita dentro de mi pecho como si fuera una tormenta confinada dentro de una esfera de vidrio. Siento como esa lluvia fría resquebraja mi fe en la humanidad en cada cambio de rumbo, como ese viento frio arrastra lo bueno de mi hasta el fondo de un mar negro y sombrío, no por lo profundo sino por lo turbio de sus aguas que no dejan de revolverse minuto tras minuto.
¿Dónde estás mi Solecito? Cuanto quisiera ver la luz que irradias para ahuyentar las tinieblas de mi pesar.
Si le pudiera pedir algo a la vida como retribución, serían tus ojos limpios cada mañana y tu sonrisa chiquita que tiene la virtud de hacerme capear cualquier temporal. Deseo que la vida brille en tu regazo Solecito, y te lleve a buen puerto.
Vaya que es extraño que en algo tan banal como es el tema de una telenovela, se pueda contener una frase que pueda resultar tan amarga.
Si pudiera exigirle a la vida algo, ciertamente sería un pago por todo lo malo que subjetivamente me ha sucedido a través de los años; que me revelara el por qué del dolor infringido y del castigo recibido a lo largo del camino que he llevado.
Si se pudiera objetivar a la vida en un ser tangible, quisiera tener la oportunidad de mirarla a los ojos y escupirle a la cara, tan solo por desahogo ¿Qué más puede suceder? ¿Qué se enoje conmigo?
Mi rencor a la vida me vuelve incoherente, balbuceante, rencoroso e irreflexivo. Lo sé muy bien, pero no puedo contener mi rabia. Bulle y se agita dentro de mi pecho como si fuera una tormenta confinada dentro de una esfera de vidrio. Siento como esa lluvia fría resquebraja mi fe en la humanidad en cada cambio de rumbo, como ese viento frio arrastra lo bueno de mi hasta el fondo de un mar negro y sombrío, no por lo profundo sino por lo turbio de sus aguas que no dejan de revolverse minuto tras minuto.
¿Dónde estás mi Solecito? Cuanto quisiera ver la luz que irradias para ahuyentar las tinieblas de mi pesar.
Si le pudiera pedir algo a la vida como retribución, serían tus ojos limpios cada mañana y tu sonrisa chiquita que tiene la virtud de hacerme capear cualquier temporal. Deseo que la vida brille en tu regazo Solecito, y te lleve a buen puerto.
martes, 24 de marzo de 2009
Hoy particularmente, comienzo este medio de expresión como una forma de catarsis, esperando encontrar algo de calma a todas mis tribulaciones.
No es mi intención publicar una lista de quejas, tan solo de sentimientos y pensamientos que rondan mi mente y mi alma, de recordar sucesos y situaciones que me han llevado paso a paso al lugar donde me encuentro.
El día de hoy concretamente he estado pensando insistentemente en mi hijo, mi dulce diablo de dos años que no vive conmigo. Ese niño que es lo primero que pienso en cuanto despierto y a quien va mi último pensamiento antes de dormir. Pienso en mi solecito de las mañanas, a quién las distancias impuestas por el egoísmo y la cerrazón lo han alejado de la playa de mi vida, hasta ser un punto en la lejanía, un solecito en el ocaso de mi perspectiva.
Hace un tiempito ya que no veo su carita risueña mirarme con curiosidad y a veces con cierto grado de compasión; cuando en las mañanas se despertaba (y a mi de paso en muchas ocasiones) con quejumbrosos “…papaaaaaaá”, reclamando mi atención y mis cuidados, los que retribuía mil veces con una radiante sonrisa en su boquita pequeña, que trataba de abarcar el mundo en las pocas palabras que ya había diestramente aprendido sin más ayuda que la de su curiosidad incansable (y mi cansancio tangible).
Dios, como reía viendo sus intentos de abrir las puertas, persiguiendo al perro que hoy es mi única compañía, pidiendo abrazos, juegos y juguetes. Si alguna vez me sentí feliz por ser humano, fue viendo a mi hijo.
Como te extraño solecito, como te añora tu padre.
No es mi intención publicar una lista de quejas, tan solo de sentimientos y pensamientos que rondan mi mente y mi alma, de recordar sucesos y situaciones que me han llevado paso a paso al lugar donde me encuentro.
El día de hoy concretamente he estado pensando insistentemente en mi hijo, mi dulce diablo de dos años que no vive conmigo. Ese niño que es lo primero que pienso en cuanto despierto y a quien va mi último pensamiento antes de dormir. Pienso en mi solecito de las mañanas, a quién las distancias impuestas por el egoísmo y la cerrazón lo han alejado de la playa de mi vida, hasta ser un punto en la lejanía, un solecito en el ocaso de mi perspectiva.
Hace un tiempito ya que no veo su carita risueña mirarme con curiosidad y a veces con cierto grado de compasión; cuando en las mañanas se despertaba (y a mi de paso en muchas ocasiones) con quejumbrosos “…papaaaaaaá”, reclamando mi atención y mis cuidados, los que retribuía mil veces con una radiante sonrisa en su boquita pequeña, que trataba de abarcar el mundo en las pocas palabras que ya había diestramente aprendido sin más ayuda que la de su curiosidad incansable (y mi cansancio tangible).
Dios, como reía viendo sus intentos de abrir las puertas, persiguiendo al perro que hoy es mi única compañía, pidiendo abrazos, juegos y juguetes. Si alguna vez me sentí feliz por ser humano, fue viendo a mi hijo.
Como te extraño solecito, como te añora tu padre.
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